" A MI ANGEL"
MARCHANTE
Querida madre:
Quisiera poder desnudarte mi alma para expresarte lo que mi corazón encierra.
El día que nací fueron tus brazos los que acunaron en tu maternal regazo al asomarme a esta vida y paradojas del destino, cuarenta años más tarde, fueron los míos los que te acunaron a ti y te tranquilizaron para que te marcharas de ella.
Ahora sé que fue un regalo, un privilegio y una bendición del cielo, porque no hay nada que pague esos segundos a tu lado. TU DESPEDIDA.
No pude detenerte, en esas décimas de segundo, sólo vi la paz en tu cara, necesitabas irte y aunque me arrancaran un trozo de mí, renuncié a tenerte a mi lado con tal de saber o mejor dicho “CREER” que habías encontrado la paz y cambiarías tu frágil cuerpo por un espíritu vigoroso lleno de LUZ Y AMOR.
No, no quiero esta triste tristeza que hay en el arcón de mi alma.
No mereces tal incertidumbre porque tú, madre, aunque vaciaste mi alma al irte, floreciste como la rosa más exquisita en otro jardín en pleno mes de mayo, donde cada pétalo de tí será la fina barrera que nos separe porque si de algo estoy segura es que “sólo se pierde lo que se ama”, y tu nos amabas.
Tengo mil razones para decirte “TE QUIERO”, siempre las tuve, perdona, pues, madre, madre mía, si no fluían de mi garganta como esperabas, si mis labios no se posaban en tu mejilla como el rocío cada mañana, perdona, MADRE, MADRE MÍA.
Como todos los días vienen tus recuerdos, hoy en especial, ya hace más de un año sin una mirada, sin un beso tuyo; pero lo esencial es que pase el tiempo que pase siempre estarás y formarás parte de mí.
Mi cuerpo, mi alma y todo mi ser lanzan un grito ahogado por el recuerdo y las lágrimas para decirte muy alto TE QUIERO MADRE, MADRE MÍA, MADRE AMADA.
(En recuerdo a MI MADRE, una persona entregada a su familia a pesar de su enfermedad y que hoy en día es mi ÁNGEL).

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