"GRACIAS POR
EXISTIR"
RELATO PREMIADO EN EL CERTAMEN LITERARIO 2011, ORGANIZADO POR LA ASOCIACIÓN. 1º PREMIO.
Autora: Eva Moya Sánchez.
Lucia, como todos los días volvió a levantarse a las seis de la mañana, estaba cansada y agotada y eso que acababa de despertarse. Otro día más para una mujer de 80 años, que después de haber sacado adelante a cinco hijos, había asumido la responsabilidad de criar a sus cuatro nietos por causa de fuerza mayor.
Después de vestirse con su vieja pero impoluta falda de color marrón y una blusa de color beige, se lavó la cara con jabón casero, que ella propia había elaborado con el sobrante de aceites y sosa, y después se aclaró con agua clara y fría del grifo. Ese era su ritual todas las mañanas y la mejor forma de activarse para empezar el ritmo diario. Mientras se peinaba su cabello ondulado y lleno de canas de un color plateado que siempre había sido admirado por su entorno más cercano, se miró al espejo y observó que sus ojos verdes cada día estaban más pequeños, sus arrugas cada día más marcadas y con su mirada fija en el espejo ruega a Dios que le dé la oportunidad de poder vivir el tiempo suficiente hasta que los dos nietos menores que viven con ella sean mayores de edad.
El sonido de la cafetera le trae de nuevo a la realidad, camina a la cocina con la rapidez que su edad y su intervención de cadera de hace 4 años le permite, apaga el fuego y retira la cafetera con un paño húmedo, ya que el asa se rompió hace años y nunca ha llegado el momento de poder comprar una nueva. El café de la mañana era su mejor momento, vierte café sobre su taza verde de porcelana que ya tiene algún que otro parche, no le pone nada de azúcar y añade una gotita de leche. Por fin se sienta en su viejo sillón y disfruta de su momento más especial, ella sola frente a la ventana que da al patio y con un aroma a café en toda la cocina.
Entre sorbo y sorbo de café hace recuento de todas las cosas que tiene que hacer este 14 de Junio que empieza a despuntar; primer orden del día, despertar a sus nietos de 15 y 17 años para que asistan a sus últimos días de instituto antes de las vacaciones, preparar el desayuno, cambiar sábanas, poner la lavadora y después bajar al pueblo a realizar la compra, después regresar a casa a preparar esas deliciosas croquetas que sólo ella sabe elaborar con los ingredientes justos para que sean exquisitas.
Nuevamente debe parar su pensamiento, ya que este va más rápido que su cuerpo, no debe olvidar que para sus desplazamientos necesita a su compañera de batalla desde hace 4 años, su metálica muleta, a la que ella cariñosamente llama “ la mari ”.
Regresa al pasillo y llama a sus nietos para que se levanten.
- Vamos hijos, a levantarse que no hay tiempo que perder.- Grita Lucia con el fin de que sus nietos se despierten, _ Vamos hijos que ya está el desayuno preparado.
A sus nietos siempre les ha gustado que su abuela les despierte, es una sensación muy especial para ellos, les encanta que las primeras palabras que escuchan en el día vengan de su abuela. Ellos la consideran un talismán, su ángel, su guía y siempre la describen como la mujer perfecta.
- Buenos días abuela.- le dice Luís que es el tercero de los cuatro nietos
- Buenos días cariño – le contesta Lucia , - ¿ Y tu hermano pequeño, no baja todavía?
- Está terminando de cambiar las sábanas de su cama, sabes que Pedro es más lento que yo – le contesta Luis.
Una vez que los nietos han terminado de desayunar y recoger sus tazas, suben a sus habitaciones y recogen sus carpetas para ir al instituto. Ambos pasan a la cocina a despedirse de su abuela y madre a la vez.
- Adios abuela,- le dice Luis, _ Ten mucho cuidado cuando salgas para el pueblo.
- Si hijo, no te preocupes._ le tranquiliza Lucia.
Después se acerca Pedro, da dos besos a su abuela y al oído le dice la frase que le repite todos los días desde que viven con ellas tras el abandono de su madre
_ Abuela. Gracias por existir.
Esa frase era su motor, le reactivaba y le daba fuerzas para vivir y seguir luchando. Ellos se lo merecen, se repetía Lucia una y otra vez.
Tras la despedida, Lucia se levanta de la mesa y empieza a organizar todas las tareas que tiene que hacer en el día.
“ La mari” y ella salen a realizar las gestiones en el pueblo, antes Lucia se asegura que dentro de su monedero esta el cupón de comida para retirar productos básicos en la tienda de la Calle Mayor. Desde hacía unos años el grupo de acción social de la localidad se había personado en su domicilio para ofrecerle su apoyo dada la situación sociofamiliar y los escasos ingresos económicos que percibía ya que era beneficiaria de pensión mínima de viudedad, a pesar de que su marido había trabajado de sol a sol en el campo hasta su fallecimiento, hace ahora 15 años.
_ ¡ Que gente más buena! Se repetía Lucia siempre que le entregaban estos cupones.
Tomás, el encargado del supermercado desde que la ve en la puerta está detrás de ella, para ayudarle en todo lo posible. No sabe muy bien porque, pero Lucia le despierta una ternura especial.
_ ¡ Buenos días Tomás! .- se dirige con energía al encargado del supermercado.
_ ¡ Buenos días, señora Lucia!, ¿ cómo va la mañana? – le pregunta Tomás mientras que le prepara un carro para que inicie sus compras.
- Diremos que bien….. – contesta Lucia, a pesar de sentir cierto dolor en su pierna derecha. _ Traigo el cupón del mes de Junio, vamos a ver cuánto da de sí- dice Lucia entre risas.
Después de haber comprado los productos de alimentación básica, Tomás deja las bolsas en un cuarto para más tarde acercarle la compra a casa de Lucia, es algo que siempre ha hecho con ella, sobre todo desde que fue intervenida de la cadera.
_ Señora Lucia, en torno a las 13 horas le acerco la compra a su casa.- le dice Tomas
_ Gracias Tomás, allí estaré.- le confirma Lucia, _ Me marcho ya para casa, todavía tengo una caminata por delante. Adios.
Mientras sale de la tienda, siente como su móvil esta vibrando y sonando dentro de su bolso de rafia que le había regalado hace más de veinticinco años su marido en el primer viaje que realizaron a la playa, en Málaga.
Coge su móvil y ve que son demasiados números y no identifica cual puede ser el origen de la llamada.
_ Sí, dígame,… - contesta Lucia.
Al otro lado del teléfono contesta la voz de un hombre.
_ Hola Señora Lucia, soy Anselmo, su médico de cabecera.
_ Hola D. Anselmo. – contesta algo nerviosa.
_ Ya están aquí los resultados del neurólogo. ¿Podría pasarse por mi consulta esta misma mañana? – pregunta el médico.
_ Pues justo estoy en la Calle Mayor, me marcho para el centro médico ahora mismo.- contesta Lucia mientras su ritmo cardiaco aumenta por segundos.
Después de colgar el teléfono, Lucía se para en la acera porque realmente siente desfallecerse. No puede ser que en tan solo cinco días los resultados ya estén aquí, piensa para sus adentros.
Respira profundamente varias veces, como le había enseñado la psicóloga de mediación familiar mientras estaban con los trámites legales para las tutelas de sus nietos. Sujeta “ la mari” con fuerza y con paso firme se dirige al centro de salud. Su mente va a una velocidad impresionante, tanto que su cuerpo y su mente se han separado. Se repite una y mil veces – no, no puede ser, no puedo estar mal, no puedo dejarlos, no pueden sufrir más perdidas, no se merecen más tristezas.- , y según avanza por la calle dos lágrimas caen solas por sus mejillas.
Su visita al neurólogo fue por varios mareos sufridos en un mes, a los que ella no dio mucha importancia, pero D. Anselmo sí. Quizá no dedica nada de tiempo a escucharse a sí misma y solo atiende la demanda de esas dos criaturas que tiene bajo su techo y por los otros dos nietos que a pesar de no vivir con ella, han conseguido ser hombres respetables y con trabajos dignos gracias al esfuerzo y disciplina de su abuela.
La distancia entre la Calle Mayor y el Centro de salud se hace infinita, Lucia sigue perdida en su angustia, y un millón de imágenes pasan por su cabeza…. su boda, sus embarazos, sus partos, sus hijos pequeños jugando en el patio de su casa, la bodas de sus hijos, el nacimiento de todos sus nietos…..y en ese momento su pensamiento se para en su hijo Juan. Cuántos disgustos le había ocasionado, desde pequeño Lucia sabía que su hijo no hacía cosas normales pero no podía decirle nada por la agresividad que mostraba con ella y su marido. Un buen día llego a casa diciendo que se casaba con una joven del pueblo que también tenía escasas habilidades sociales y humanas. A pesar del impedimento de los padres y la negativa del cura del pueblo, se marcharon a un pueblo cercano y sin más preámbulos el párroco les caso. De este matrimonio, que duro 10 años entre grandes conflictos nacieron sus cuatro nietos a los que ella más tarde tuteló.
Un día su hijo Juan se marcho a Baleares huyendo de algo, y pasados unos meses los niños fueron abandonados por la madre por más que cuestionadas formas de ganarse la vida. A pesar de las dificultades del momento, Lucia actuó con destreza y fortaleza, se movió por los juzgados con astucia y emocionó al juez cuando le hizo la exposición de motivos de porqué ella sería la mejor tutora que podrían tener sus nietos, y un feliz día sus nietos llegaron a su casa del pueblo
Su respiración sigue cada vez más fatigada, sujeta entre su mano derecha la cadena que lleva colgada de la Virgen que su madre le regaló y se repite con signos claros de ansiedad – No , por favor Señor, no les hagas sufrir más, no pueden quedarse solos, sólo dame tres años más, sólo pido eso, tres años más….. Su paso se ralentiza al girar en la calle Estrella, sabe que enfrente esta su destino, se para nuevamente en la esquina y apoyada en “la mari” respira profundamente, se habla para sí misma para darse ánimos – Vamos Lucía, camina. Tu siempre has sido fuerte, vamos camina no te pares,… Pero puede más su ansiedad y rompe a llorar, siguen pasando imágenes por su mente…. La llegada de sus nietos a casa en un coche oficial, visitas a los juzgado para conseguir las tutelas, los abrazos de sus nietos, sus besos, y esa frase que día a día su nieto Pedro le repite.. Abuela .Gracias por existir.
_ ¿Señora Lucia, se encuentra usted bien? ,- le pregunta Carlota, la administrativa del consultorio que regresaba de tomar un café.
Lucia vuelve en sí, y contesta con poco aliento, _ Si hija, sólo que este calor me va muy mal.-
-¿Le acompaño algún sitio? se ofrece la joven.
- Voy al mismo sitio que tu, de modo que me agarro a tu brazo y vamos las dos.
Ya no hay más excusas, y apoyada en Carlota sube los dos escalones para acceder al centro de salud. Una vez dentro ve acercarse hacía la puerta a D. Anselmo, un hombre alto y fuerte de unos cuarenta años.
_! Hola Sra. Lucia! – le saluda D. Anselmo, su médico de cabecera.
_ ¡Hola D. Anselmo!- contesta Lucia casi sin aliento.
- Tiene Usted mala cara, ¿esta mareada?- le pregunta preocupado su médico.
_ No, es el calor … siempre me ha afectado mucho y ahora con mis años imagínese- consigue contestar.
_ Pues pasemos a mi consulta, le estaba esperando.-
Lucia camina despacio, a la par del médico, siente nauseas, sudoración, fatiga, …no sabe porque, pero siente que algo no va bien. El doctor se para justo enfrente de la consulta número dos, abre la puerta y espera sujetando la puerta a que Lucia entre, después cierra la puerta.
_ Tome asiento- le indica D. Anselmo señalando el sillón de la izquierda que se encuentra al otro lado de su mesa.
Ella siente que ha llegado su fin, su sentencia, se marcha de este mundo, sólo espera que sea sin sufrimiento, siente defraudar a sus nietos ya que les había prometido que estaría con ellos hasta que fuesen mayores… todo esto pasa por su cabeza mientras observa como el médico se dirige al armario donde tiene sus historias médicas.
_ Bien doctor, dígame que resultados han venido… - dice con firmeza
- Si, estoy buscando su historia, ahora le cuento.- le contesta el médico.
Las pulsaciones de Lucia van a un ritmo más que preocupante, siente que su corazón se le ha subido a la garganta.
_ ¡ Aquí esta!- dice con tono dicharachero D. Anselmo con la historia médica en su mano.
_ Soy todo oídos, estoy preparada para escuchar el diagnóstico.
_ Esta muy nerviosa Sra. Lucia, tranquilícese que no es para tanto_ le intenta calmar D. Anselmo.
No sabe cómo, pero este doctor siempre ha conseguido tranquilizarla rápido, más de una vez ha llegado muy nerviosa cuando algún nieto se ha puesto enfermo.
D. Anselmo mira atentamente los resultados de las pruebas que había solicitado con urgencia y como un favor personal a sus colegas del hospital provincial. Fija su mirada en la mujer que tiene enfrente y empieza a darle los resultados, _ Pues bien empecemos… en primer lugar le felicito Señora Lucia porque los resultados de sus analíticas son excelentes si no supiese su edad pensaría que son de una joven de treinta años, le dice cariñosamente, así como todas las pruebas que le han realizado en el hospital han salido bien. No hay nada porque preocuparse. Probablemente esos mareos que usted sufrió fue producto del cansancio y de las cargas que usted tiene.-
¿Era verdad lo que sus oídos estaban escuchando? Lucia no podía creérselo, era verdad, estaba bien, estaba sana, sí, Dios le había dado otra oportunidad de vivir, no se marchaba de este mundo todavía, no iba a haber sufrimiento, ya con lágrimas en los ojos miró al doctor y le dio las gracias por haberse preocupado por ella.
D. Anselmo se levanto y se sentó junto a ella en el otro sillón que estaba libre, le cogió de la mano y le explicó porque todo había sido tan rápido.
El doctor empezó a contarle a Lucia,- un día cuando ya había terminado mi consulta y me marchaba para mi casa, en la puerta de la consulta había dos chicos jóvenes que de forma muy educada se me acercaron y me rogaron que por favor les dedicara un minuto. A pesar de que estaba algo cansado les invite a pasar a mi consulta, ellos se identificaron como nietos suyos y me contaron que su padre se había marchado a Ibiza y nunca más regresó, y que su madre les dejó abandonados un día en casa y no han vuelto a saber de ella. Pero no les vi triste, luego me dijeron que la vida les había premiado con la mujer más maravillosa del mundo, su abuela, la mujer que les cuidó, les mimó, les hizo sentirse los niños más felices del mundo, que era su ángel. Me dijeron que estaban muy preocupados porque la mujer de su vida llamada Lucia, había sufrido dos mareos en un mes.
Lucia escucha con atención, mientras dos lágrimas le caen y se une en la barbilla. D. Anselmo sigue contándole, _ Ellos me pidieron que por favor fuéramos rápidos en las pruebas y en los resultados ya que desde que esto sucedió no han podido dormir ni una sola noche pensando qué le puede pasar a su abuela.
Al terminar de contar la historia, el médico se abrazó a Lucia y le dio dos besos y le felicitó por ser la mujer que es, tan fuerte, tan luchadora,… un ejemplo de vida, de trabajo y de superación.
Lucia se levantó y se dirigió hacia la puerta, quería llegar pronto a casa y esperar a sus nietos y abrazarles con todo el cariño del mundo, su sensación era de felicidad, alegría, ganas de vivir y de luchar aunque era consciente que su edad no le daría mucha tregua. Antes de abrir la puerta se giró y dijo a D. Anselmo _ Soy afortunada por tener lo que tengo y lucho todos los días por seguir adelante, ellos se lo merecen.-
_ Si, es verdad Sra. Lucia, pero piense en la edad que tiene y que se tiene que cuidar, es importante que cuide de sus nietos pero no se olvide de usted. – le dijo el doctor
Con la mano sobre la manivela de la puerta Lucia se dirigió a él.- D. Anselmo,¿ le puedo hacer una pregunta? - dirigiéndose al doctor. – ¿A usted alguna vez le han dado las gracias porque existe como persona y está en este mundo?
Don Anselmo, se queda quieto, reflexiona antes de contestar y le dice.- Pues no, solo me han dado las gracias a mi persona por mi trabajo. A lo que Lucia llena de orgullo le contesta. _ Imagínese si yo soy afortunada, que a mí, todas las mañanas mis nietos me dan las gracias por existir, ¿no es motivo para seguir viviendo?
Y se marcha del consultorio en paz, quiere llegar ya a casa, tiene que elaborar las croquetas, que es el plato favorito de Luis.
Eva Moya Sánchez.